Reportaje concierto Morrisey

Por: Anónimo

“Cómo entendemos las personas este tipo de eventos es, a veces,  bastante extraño. Sin embargo este es un breve relato de lo que para un antagonista fue esa noche de sabado en la que la famosa estrella de pop británica Morrissey, ex vocalista de la legendaria banda The Smiths, se presentó en Bogotá”

 

Bloqueados por mucho tiempo tenemos que enfrentar el atontamiento.  Una amiga cercana nos habló del tiempo pero todo parecía más confuso, hablaba de realidades que no pueden ser descritas y milagros que aún nadie ha escuchado, y a pesar de todo seguíamos parados en la fila, con frío, con la mente en blanco y,  sin querer esperando que algo grande ocurriera.

Estábamos envueltos en un escenario que parecía no ser muy único, compartíamos una realidad minúscula y errática, y a pesar de que todos sabíamos lo que hacíamos, la incertidumbre de lo que íbamos a ver era una carga que compartíamos, entramos por manadas, ciegos y ansiosos…

El show empezó y la multitud bilingüe de un sector de la ciudad sólo veía con compasión y tolerancia la primera parte del espectáculo. El escenario era la calle y el frío que caracteriza a nuestro chuzo se vio derrotado por el calor que producíamos, la temperatura del lugar había cambiado y se expresaba en pequeñas exhalaciones colectivas y llenas de un amor que no se puede apreciar desde una perspectiva consciente. Los zapatos de brillantes y los cuellos en fila empezaron a ovacionar con ansias, siendo  la verdadera antesala de lo que en esa noche ocurrió.

Por fin el Gran Mago salió, estaba vestido de manera elegante y en su pecho y dedos había joyas que adornaban algo que en nuestras mentes era suficientemente excéntrico para el momento en el que todo ocurría. Así lo veíamos, cuando  acercándose nos miró y nos recordó qué tan cerca es el ahora.

No puedo hablar con precisión sobre lo que el espectáculo produjo ya que las ventas de canciones en cadena no son mi negocio. El antagonista vio, atolondrado,  cómo sonaban éxitos de una juventud que no cree en el tiempo, que habla diferentes idiomas y que realmente no sabe mucho sobre nada. Había una especie de protesta silenciosa, confundida, hasta hipócrita, pero que se sentía putamente real.

La exaltación estalló con el Unholy Scent of Murder y desde ahí empieza un gran suspiro que no quiere acabarse nunca, aplausos, cantos, bailes… la fiesta continuó y se acabó con todos los que morimos esa noche,  los que tuvimos el placer y el privilegio de estar al lado los unos de los otros.

Caminamos por la calle nuevamente  con una sensación de ligereza muy sabrosa, arrastrando los pies, con música sonando en los oídos como esos milagros que solo se pueden escuchar, tal vez cantar,  pero nunca describir…   como recién masturbados y casi volando se nos fue la noche y el gran suspiro se lo llevó todo; creo que un gran suspiro será la respuesta cada vez que nos pregunten qué tal  estuvo el concierto.

Gracias Bogotá,

Gracias Morrissey,

Paz.

elantagonista.com

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