Only en Bogotá

Por: Tomás Posada 

Hace poco tuve el privilegio de leer un libro del Co-Ganador del premio “Pulitzer” y Ganador del premio “José Ortega y Gasset”, Andrés Oppenheimer, quien escribió una pequeña narración denominada Only in Colombia (“sólo en Colombia”). El periodista argentino cuenta la sorpresa que se llevó en una de sus visitas a nuestro país, en donde vivió la increíble experiencia de reunirse con un político conservador, que se encontraba en ese momento escribiendo la nueva Constitución de Colombia (la hoy vigente Constitución del 91), y quien interrumpió su labor de edición de un libro de aerobics para poner en contacto al extranjero, por medio de la radio, con un ex cura español, uno de los hombre más buscados del país por haberse convertido en miembro, ideólogo y comandante de la guerrilla del ELN, que intentó convencer a su oyente sobre la buena labor que el grupo armado había llevado a cabo con la quema de árboles en una región del país por cuestiones ecológicas. Un hecho que realmente sólo pasa en Colombia.

Pero situaciones de tal envergadura vivimos los bogotanos a diario y son, de alguna manera, nuestro pan de cada día.

Hoy por hoy, en la capital colombiana conviven de manera ya casi armónica un descomunal caos vehicular, buses públicos que se abalanzan unos sobre otros en una especie de danza de la muerte, transeúntes caminando aceleradamente para evitar ser alcanzados por la inseguridad materializada en un desdichado que ha encontrado en el negocio de los celulares un trabajo digno y al parecer aceptado por las autoridades; semáforos descoordinados y en ocasiones sin ningún sentido, letreros que en la mañana indican un giro prohibido, en la tarde lo permiten y en la noche terminan por desaparecer, dejando la decisión de hacer el giro a la conciencia de cada conductor responsable (de esos hay muchos). Calles que son un verdadero homenaje a las carreteras europeas de la post guerra, no con huecos sino con cráteres del tamaño de Tycho en la luna, que por su antigüedad ya deberían darles una distinción estampando su imagen en el escudo o en la bandera rojo-amarilla que sacuden los pocos valientes que siguen alentando domingo tras domingo en el estadio, y ahora también escenario de conciertos, El Campín.

Pero aún hay más.

En Bogotá, nuestro destituido ex alcalde está siendo juzgado por el llamado carrusel de contratación, uno de los escándalos más graves de la historia política nacional en los últimos tiempos. En Bogotá la gente ha volcado su total y morbosa atención en un homicidio, realmente lamentable, de un estudiante universitario, debido a que el tema está rodeado de una elevada dosis  de intriga, amor, despecho, traición, mentira…todo al mejor estilo de una telenovela de RCN o Caracol. En Bogotá gobierna hoy un alcalde que prometió no prestar el estadio de fútbol para llevar a cabo conciertos, pero que cedió cuando un ex Beatles lo llamó y le  prometió dedicarle la canción From me to you a su perrita Bacatá. En Bogotá los funcionarios de la alcaldía parecen no tener buena comunicación con su jefe, pues mientras éste ataca y culpa a movimientos políticos de haber causado los últimos desastres en la ciudad, sus subordinados invitan a los mismos movimientos para que se unan en fuertes manifestaciones contra el sistema de transporte masivo más popular e impopular a la vez de la ciudad.  En Bogotá es publicada la lista de las personas más buscadas del país, y en ésta se encuentra una ciudadana inocente quien recibe como única respuesta a su problema que dicha lista no puede tener errores. En Bogotá policías en estado de embriaguez atropellan y matan jóvenes. En Bogotá se construye un tramo de TransMilenio durante décadas y, luego de ser entregado, se informa que no hay buses que cubran esa ruta. Además, días después, todas las losas del tramo se encuentran rotas. En Bogotá las ambulancias usan sus sirenas para poder llegar lo más rápido posible a la tienda y comer “arepita caliente”, mientras los hospitales públicos informan que no tienen equipos de emergencia para atender de manera rápida y efectiva a los ciudadanos. En Bogotá  las manifestaciones por el mal servicio del transporte público dejan unos mil millones de pesos de pérdidas a la alcaldía. En Bogotá pasajeros les disparan a los taxistas por no estar de acuerdo con el precio de la carrera, y estos contraatacan con el “Paseo Millonario”, actividad que ya se encuentra recomendada a los turistas en los libros de guía turística Lonely Planet. En Bogotá, en Bogotá, en Bogotá….todo esto pasa en Bogotá, o parafraseando al señor Oppenheimer, only in Bogotá.

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Comments
4 Responses to “Only en Bogotá”
  1. Julian dice:

    Lo que es un desorden es su manera de escribir. Que pena pero en mi opinión tiene que ser más conciso en sus frases. Me dió pereza leer su artículo por la simple manera de como está redactado.

  2. Pepe dice:

    En bogota, en bogota, en bogota… no suceden ni la mitad de los problemas que suceden en el resto del pais, existe un libro llamado Beyond Bogota, mas alla de bogota, que relata todo el caos que tiene ese pais y que los bogotanos, ni se enteran. Sin nombrar las innumerables columnas de alfredo molano, salud hernandez, y demas periodistas que se recorren el pais y cuentan sus cronicas en decenas de libros. What the hell is going on in bogota? solament en la capital? o seria mejor decirlo !What the Hell is Going On in Colombia?? como bien lo muestra el video de youtube. ( Aclaración, tiene escenas violentas only in colombia, no aptas para menores de 18 años)

    Bogota es una muestra del resto del pais, un pais lleno de problemas. Con miles de habitantes que se comportan como salvajes de una tribu! El antagonista es de los pocos espacios donde se puede opinar y se cuestiona el comportamiento del diario de los bogotanos.

  3. Pepe dice:

    Only in bogota: Zancadilla de transmilenio.

  4. charly dice:

    En principio no estuve de acuerdo con el primero de los comentarios puesto que había leído el articulo de manera rápida y sin mucha atención, y me había parecido simpático, por así decirlo.
    Sin embargo, luego de una segunda lectura me di cuenta de que a la redacción le faltaba mucho (creo que a eso es a lo que el primer comentario se refiere con lo de “un desorden”, mas no a la estructura general del texto con la cual no tengo ningún problema).
    Fíjese autor por ejemplo lo larga que es la frase “El periodista argentino cuenta la sorpresa que se llevo en una de sus visitas…” en la cual básicamente usted trata de resumir en cuatro lineas la narración de Andrés Oppenheimer. Con respecto a eso le digo que en sí esa historia solo por los hechos que amontona en ese párrafo parece ser interesante, pero si este es un texto del cual usted siente el privilegio de haberlo leído, debería haberle dedicado mas trabajo a la presentación del texto del argentino. Esto lo digo porque seguramente, por ser escrita por un extranjero, esta narración debería tener un cierto matiz diferente con respecto a los escritores colombianos frente a la situación de nuestro país a inicios de los años noventa y eso también seria interesante conocerlo. Puede que la brevedad de ese párrafo sea debido a que el texto tenia que encajar en un formato de 1200 o 1500 palabras, lo que sea.
    Igual así como critico también quiero felicitarlo por su alto conocimiento de la “cotidianidad bogotana”. Para nosotros que vivimos “Only in Bogotá”, en esa Bogotá, esta es la realidad cruda, irónica y sarcástica de la ciudad que nos tocó. Aun así, tan dignos seremos de ella, que creo muchos de los que lean el articulo seguramente sonreirán al terminarlo. Y así se sientan indignados, pesará más sobre sus cabezas la coraza de morbo que nuestra madre Bacata nos ha heredado, que todas las tradiciones ancestrales de nuestros indigenas y antepasados, de los cuales ahora en Bogota, solo vemos ahora a los Embera Catios por las calles mendigando.

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