“Pacho facho”

Por: Lorenzo Posada Villegas

Circuló un vídeo en el que el expresidente de la república Francisco Santos expresaba su opinión sobre la decisión del presidente de retirar del Congreso la propuesta de reforma a la ley 30/1992. La reacción del público fue calificar a Santos de fascista. El debate -si es que existió, porque para mí que más bien lo que hubo fue una explosión de comentarios- se centró en su propuesta de electrocutar a los manifestantes. Me uno al rechazo a esta propuesta, pero me parece que el asunto ya perdió la efervescencia de hace una semana y no generó debate porque los argumentos en contra de Santos fueron muy pobres, y eso se debe a que la indignación resaltó un aspecto menor en la propuesta del expresidente.

Dentro de los comentarios que leí hubo uno de un comentarista que ponía entre comillas el legítimo que usó Santos para referirse al uso de la violencia al que aludió. El que Santos crea que haya usos legítimos de la violencia no lo acerca al fascismo. De hecho, desde hace casi un siglo la definición más aceptada de Estado es la de Max Weber, que dice que el Estado es “una asociación de dominación que reclama para sí, con éxito, el monopolio del uso legítimo de la fuerza”, y desde entonces la mayoría de teorías que desde Occidente intentan explicar el Estado asumen esto como cierto. Esto no quiere decir que el Estado pueda usar la violencia de manera indiscriminada, sino que debe buscar legitimación en la ley y en el sistema de valores que rija a la sociedad. Creo que a nadie parece ilegítimo, por ejemplo, que exista un sistema carcelario, que haya un sistema de recaudo de impuestos y castigos a quienes los evadan o que tengamos ejército y policía que mantengan el orden, o ¿se imaginan un Estado sin esas instituciones? No sería un Estado: el pilar de su definición, pues, reposa en el monopolio legítimo de la violencia. El problema es que la manifestación es un derecho consagrado, y el uso de la violencia para disolverla no es legítimo. Les dejo el ejercicio para que piensen ¿en qué casos es legítimo que el Estado use la violencia?

En segundo lugar la discusión es pobre porque se centra en calificar a Santos de fascista por su propuesta para disolver manifestaciones. Reitero mi rechazo a su posición, pero para mí lo preocupante es que ésta subyace a un problema más grave y que hace explícito en ese mismo vídeo. Santos propone electrocutar a los manifestantes porque el gobierno se dejó ganar un pulso y no puede dejar que le ganen más. El problema radica en el concepto que tiene de gobierno y de democracia: la democracia es un pulso donde sólo uno puede ganar y el gobierno debe ser aplastante en ese juego. Ese, para mí, es el rasgo autoritario -más que fascista- de la declaración de Santos: creer que el gobierno debe imponer sus políticas, hacerlo ante cualquier resistencia y pasar por encima de quien se atraviese. En una democracia no funcionan así las cosas: si existe un Congreso, si hay un rama judicial, si existen organismos de control y si a la sociedad civil se le han consagrado derechos como el de huelga, protesta, asociación y opinión, es para evitar que eso suceda. La democracia es la construcción colectiva de un orden deseado mediante el diálogo.

Así pues que para mí el presidente no perdió ningún pulso ni se muestra débil por haber pedido retirar la propuesta de reforma a la ley 30. Sencillamente porque la democracia no es un pulso y no es debilidad de un gobierno encontrar opiniones de oposición sino no saber encausarlas. Para tranquilidad de Francisco Santos, la propuesta de reforma volverá al Congreso, pero luego de un proceso de diálogo entre el gobierno y un sector de la sociedad civil.

elantagonista.com 

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Comments
5 Responses to ““Pacho facho””
  1. Felipe Serna dice:

    Buen análisis, sólo por corregir que este tipo es ex vice-presidente. Un saludo

  2. juan hoyos. dice:

    2 cosas acá:

    la primera: es que el hecho de que Max Webwer defina así el estado no siginifica que este bien, el estado a mi manera de ver no es un ente perfecto ni mucho menos ideal. Por el contrario creo q envez de haber policia debería haber un ente educador, envez de carcel un ente corrector a través de la educación… es como todo, pensar que decirle a los hijos que no tengan relaciones sexuales de jovenes es mejor que explicarles porque no hacerlo y si lo hacen que se cuiden es retrogrado y prohibitorio. Lo prohibitorio por lo generla lleva a que la gente trate de romper las reglas.

    la segunda: entiendo fascita como el partido europeo que en los años 30 dirigina personas como Hitler y Mussolini, Santos no es ni será fascista, es un pobre igualado uribisita, pero si al igual que hitler cree que los problemas se pueden erradicar con violencia, de eso si tiene mucho de fascista.

    por último estoy de acuerdo en que el gobierno no perdió un pulso ni se muestra debil, simplemente propuso algo, el pueblo hablo y el gobierno lo escucho, eso es “democracia”

    • Lorenzo Posada Villegas "Loro" dice:

      Las cosas se definen por lo que son y no por lo que alguien quiere que sean, en ese sentido, la de Weber ha sido la más perfecta definición de Estado y sí está “bien” que lo haya definido así, porque es una definición que captura fielmente lo que es un Estado.

      Coincido con su segundo comentario, y por eso dejo claro que Santos muestra signos de autoritarismo más que de fascismo. El título lo extraje de los comentarios que se hicieron al video en Facebook.

      • SotoHoyos dice:

        La definición de Weber, no define qué es el Estado sino quizá explica cuál es el motivo de su origen. De hecho existen otras tantas razones que justifican ese origen, no sólo el tema del monopolio de la fuerza. Por ejemplo está la teoría del origen del Estado por la necesidad biológica de los seres humanos de vivir en familia para subsistir, cuando menos, hasta que el niño pueda valerse por sí sólo. Que sabemos es hasta, por lo menos, los 7 años. El punto es que Weber, aunque tiene mucho justificación en teorías como la de Hobbes o la de Robert Nozick, incluso en películas como los 7 samurais de Murakami, no necesariamente reconoce con absoluta precisión qué es el Estado, porque es claro que, hoy sobre todo, el Estado no es sólo eso, sino que es eso y muchas otras cosas más.

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